2 de octubre de 2014

Reflexiones sobre la Educación Social

Creo que la ocasión lo merece. Hoy que estamos celebrando el Día Mundial de la Educación Social, es un buen momento para hacer públicas algunas reflexiones que tengo escritas. Un pequeño repaso que le hago a la trayectoria y una forma de entender qué es la Educación Social se encuentra en un artículo que está publicado, "La utilidad del Humor y el Teatro en la Educación Social". Quien quiera leerlo entero puede solicitarme por e-mail una copia.

Aunque siempre se esté diciendo que la profesión en Educación Social tiene una corta trayectoria, no debería considerarse así. Estamos ante un campo profesional que no se empezó a reconocer como tal hasta que se hizo el Real Decreto con el que se crea la diplomatura allá por 1991. Tal idea la expone Cacho Labrador (1999:140) de la forma siguiente: “El educador social ha sido un concepto surgido de la síntesis integradora de diferentes prácticas socioeducativas existentes previamente a la promulgación de la Diplomatura en Educación Social”. Por lo que podemos advertir que tenemos unos antecedentes, pero también un pasado, tal vez no sea una trayectoria tan larga como la de Arquitectura (o incluso Trabajo Social, que profesionalmente hablando, nos toca más), pero es un pasado. En lo que debemos centrar nuestras fuerzas es en el estudio del presente y el futuro de profesionales de la Educación Social.

Más adelante continúa Cacho Labrador (1999:148) diciendo: “Sin negar su validez, el agrupamiento construido a partir de la vía histórica, los antecedentes del educador social, presenta dudas razonables que pueden cuestionar su utilidad actual a la hora de conceptualizar el educador social”. Es a esta idea a lo que se quería llegar. Al igual que no podemos seguir considerando a los médicos como curanderos, no podemos definir la Educación Social por lo que fue ni hace cien años ni hace veinte. Es una característica propia de esta profesión (o al menos debe serlo), el ser cambiante como lo es la sociedad en la que actúa. Freire tenía una cita celebre en la que se referenciaba esto mismo la cual decía que “el mundo no es, el mundo está siendo”. Es por eso que debemos hacer una revisión de los conceptos cada cierto tiempo y no cristalizar su contenido, y menos ahora, que todavía es una profesión joven.


[...] Para seguir avanzando, aclaremos a qué nos estamos refiriendo con eso de la ética relacional y qué vinculación tiene con lo que hemos estado exponiendo anteriormente. Campillo Díaz y Sáez Carreras (2012:26) son quienes tratan este concepto, y en relación con ello argumentan que “la Educación Social forma parte, en otro tipo de clasificación, de las llamadas profesiones relacionales definidas, de modo global, como aquellas ocupaciones cuyas actividades fundamentales se centran en la relación”. Es muy socorrido hablar del acto educativo, y lo empleamos en muchas ocasiones, sin caer en la cuenta de que ese acto tiene lugar en una relación que se crea entre los profesionales de la Educación Social y los destinatarios. Es por esto que afirmamos que la Educación Social es una profesión relacional, basada en una relación, pero qué profesión no lo es. Evidentemente las relaciones interpersonales están presentes en todas las profesiones, pero en ciertas profesiones, como la Educación Social, es un componente esencial (Campillo Díaz y Sáez Carreras, 2012).

Si estamos ante una profesión relacional, el sistema de valores que configura su profesionalismo, conlleva una ética relacional. Campillo Díaz y Sáez Carreras (2012:33) lo explican de una forma muy clara cuando dicen: “La acción es real y lo real es relacional. La acción relacional como relación educativa es, también, relación ética. La acción educativa es, en suma, una acción ética. Es desde esta ética situacional, desde la que, a nuestro juicio puede construirse una ética más sólida, inmanente, y menos trascendental e imperativa”. Realmente no existe una ética unificadora de todos los procesos que se pueden hacer en la Educación Social, aunque existen rasgos comunes. Esto se debe a la singularidad de cada relación educativa. En lo que tenemos que prestar atención es en esos puntos de encuentro, es de ahí de donde surge el código ético de la profesión, y para capacitar a los profesionales de esa ética es necesario establecer competencias relacionales.

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